A horas de disputarse el quinto partido de la serie final de la Liga Nacional de Básquetbol de Chile, el que podría darle el título al CDV (Gana la serie 3 a 1), el base argentino del equipo valdiviano Nicolás Ferreyra conversó con LivePRO y se dio el tiempo de hacer un balance de este año en la Liga chilena.

¿Cuál es la evaluación de este año, tras jugar por primera vez fuera de Argentina?

“Ha sido una sorpresa desde el primer día. Nunca tuve en mente jugar fuera de mi país y me vine sin saber mucho sobre el básquetbol chileno, pero decidí tomar el desafío porque quería seguir jugando, seguir trabajando en esto que me apasiona. Me encontré con un lugar, una ciudad y un club que estaba en la misma frecuencia que yo, con ganas de conseguir cosas, con ganas de trabajar. Además, me encontré con compañeros de equipo con hambre de triunfos y, a pesar de los malos momentos que hemos pasado, me encontré con una fraternidad que es lo más valioso que tenemos. Desde lo humano, ha sido todo positivo… quizás es una Liga que le faltan muchas cosas comparadas con otras de Sudamérica, y un club y dirigentes que tienen muy buenas intenciones pero que les falta mucho trabajo por delante.”

Ferreyra reconoce que han existido dificultades durante la temporada, pero a la hora del balance, el resultado es positivo. “Fue un año de continuo aprendizaje y desafíos. Estoy contento por el grupo humano que formamos. Hace tiempo que no se veía un equipo donde los jugadores nacionales son tan o más importantes que los extranjeros, tomando el lugar que les corresponde”, afirma el nacido en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires.

Sobre el rol de los jugadores locales en una Liga, “Nico” tiene las cosas muy claras. “Desde el principio, los jugadores locales son los que tienen el sentido de pertenencia y nos señalan a los extranjeros para dónde vamos. Son los que generan esa esencia, los que contaminan –en el buen sentido- a quienes venimos de afuera.”

¿Te imaginabas que en el sur de Chile se vivía tan fuerte el básquetbol?

“Habiendo jugado muchos años en Argentina, donde se vive el basket muy fuerte también, lo que ocurre con el básquetbol en Valdivia o Ancud no se ve en cualquier parte. La cantidad de valdivianos en Quilpué, donde fuimos locales, es muy difícil de encontrar. Eso es muy positivo, para el jugador es un plus. En el partido 2 (En Valdivia) el público nos levantó cuando teníamos perdido el game.”

¿Qué tan importante para un deportista es tener el apoyo del público? ¿Es real o es algo que se dice para la galería?

“Es algo que se tiene que tomar con mucho cuidado para un deportista. Puede ser de doble filo, va a depender de la madurez del jugador. Uno trata de aislarse del entorno, y a veces puede interpretarse como si uno no fuera sensible al apoyo del hincha o a las palabras de apoyo. Un deportista profesional debe controlar sus emociones cuando está en cancha y tomarlo con mucho cuidado. Debemos cuidar nuestra cabeza, sobre todo en instancias finales, porque si uno deja que las emociones le ganen a lo racional, entramos en problemas. Cuando lográs controlar las emociones y te concentras en lo táctico, tienes éxito”, afirma el base.

Cuando Ferreyra llegó al CDV, tomó la posición en la cancha y el dorsal “9” de otro referente de los albirrojos y campeón con el Club Deportivo Valdivia el año 2016, Erik Carrasco, que emigró a la Universidad de Concepción. Nico es sincero cuando dice que “el destino me ayudó un poco, porque vine a ciegas. No sabía que un jugador de la talla de Carrasco había estado ocupando este lugar”, afirma. Acto seguido, expresa el respeto por la historia que los jugadores escriben en un club o una ciudad. “Esos lugares quedan para siempre, y son jugadores que es imposible reemplazar. Yo disfruto de la relación que tiene Erik con la gente y esas cosas hay que cuidarlas. Yo traté desde el inicio de serle fiel a mis compañeros y a mi entrenador… hoy la cosa ha mutado y me siento identificado con estos colores y su gente, porque es imposible no sentir el cariño de la gente y que sea recíproco. Soy un respetuoso de la historia, de cada jugador que vistió esta camiseta… de Claus Prutzmann, por ejemplo. Este año me empapé de la historia del básquetbol chileno y de Valdivia y ha sido una experiencia muy linda”, reflexiona.

Finalmente, haciendo una reflexión más humana, dejando el balón de lado, Nicolás Ferreyra vuelve a destacar el grupo humano del plantel del CDV y los lazos que ha creado en la ciudad. “Más allá de cómo termine todo esto, estoy feliz de haber conocido a muchas personas y eso es lo que queda cuando se apagan las luces y el Coliseo quede vacío.”

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